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Maginot – Coca Cola intento fallido de línea de defensa

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Maginot – Coca Cola intento fallido de línea de defensa

Análisis de caso de dos rotundos fracasos (línea maginot – coca cola) que dejaron un legado de experiencia, aprovechado para mantener la hegemonía.

Tomar decisiones a veces pareciera que ser cosa de disposición y arrojo. Hay quien podría estar de acuerdo con esta aseveración, sin embargo y a fuerzas de saber de la dimensión y envergadura de la empresa que estamos tratando de impulsar,  de las consecuencias de su establecimiento y de las posibles ventajas que se puedan obtener de todo ello, valdría la pena tomarse un instante antes de lanzarse a ejecutar cualquier plan establecido desde el “yo creo”.

La anticipación solo es buena si se ejecuta con total conocimiento de causa, en plena conciencia de nuestras propias habilidades y en el momento exacto. ¡Poca cosa!

La Línea Maginot

Errores de cálculo, falta de criterio, exceso de confianza o un simple capricho, podrían dar al traste con el plan, por magnífico y ambicioso que este pueda sonar en el papel, transformando la anticipación en una enorme y fea sorpresa, solo para el que lo intenta.

Nadie esta exento de caer en estas trampas, sucede como diríamos por ahí, hasta en las mejores familias, naciones y/o empresas, y a continuación estableceremos las bases que nos permiten afirmar lo anterior.

Como decíamos la experiencia es la que dicta el derrotero de casi todas nuestras acciones; ese fue el caso de la dirigencia francesa al principio del conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial. El pasaje de la Primera, no había sido ni cercanamente digerido cuando el segundo conflicto ya estaba en puerta. De tal manera que anticiparse sonaba como el mejor de los planes y la más urgente de las decisiones. Tal fue el criterio con el que el veterano de guerra Andre Maginot, confrontó a su gobierno y convencerlo de invertir algo así como 5’000,000,000 de francos franceses (unos 6’000,000.000 de dólares actuales), en el plan perfecto para proteger a Francia de la temida invasión nazi que ya se gestaba en el país vecino.

Arranque construcción de la línea Maginot
(Getty) https://www.infobae.com/america/mundo/2017/08/26/nacimiento-fracaso-y-muerte-de-la-linea-maginot-la-fortaleza-infinita-de-francia-contra-la-invasion-nazi/

No se escatimó en nada. El plan se basó en la faraónica construcción de un bunker de múltiples niveles, con un programa arquitectónico ambicioso por demás, que correría a lo largo de la frontera gala con Italia y Alemania. “Una fortificación gigante (400 kilómetros en su alargue final desde Suiza hasta el Canal de la Mancha), de hormigón y acero, con 108 fuertes cada 15 kilómetros y una gran cantidad de pequeños fortines de apoyo”. Sonaba como un escollo inexpugnable… al menos en la mesa de trabajo.

Una maqueta transversal muestra cómo era una de las fortalezas subterráneas (Getty)
https://www.infobae.com/america/mundo/2017/08/26/nacimiento-fracaso-y-muerte-de-la-linea-maginot-la-fortaleza-infinita-de-francia-contra-la-invasion-nazi/
Una maqueta transversal muestra cómo era una de las fortalezas subterráneas (Getty)

Maginot no solo asumió el liderazgo de la propuesta, también desestimó a la voces de advertencia como la nada menos que Charles de Gaulle, un figurón con el mismo rango que el primero, pero que no fue tomado en cuenta en la ejecución. Para de Gaulle, además de caro era inapropiado para las condiciones de aquel momento para Francia, aun así, se llevó a cabo y al pie de la letra.

Según sus mentores, “la Línea Maginot ahorraría tropas: un modo de compensar las bajas de la primera gran guerra. Frenaría a tiempo un posible ataque alemán. Protegería las cuencas industriales y las minas de Alsacia y Lorena, un apetecible botín para el enemigo. Serviría de base para un contraataque. Obligaría a las tropas nazis a eludirla y pasar por Bélgica, Suiza o la región del Sarre, uno de los dieciséis estados federados de Alemania.”

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La mega obra fue iniciada en 1928 y sería casi terminada para 1939 cuando estalló el conflicto. Todo parecía listo y hasta con el lujo de ciertas extensiones hasta Suiza y Luxemburgo. Pero el fracaso ya era inevitable. Los nazis se habían anticipado y basados en su infame mecanismo: la Blitzkrieg (guerra relámpago) no tuvieron ninguna oposición por parte del ejercito francés, que debilitado y superado ampliamente hubo de doblar la manos sin remedio.

“El 10 de mayo de 1940, sin declaración de guerra, a traición, invadió a velocidad nunca antes vista Holanda, Bélgica, Luxemburgo. En apenas dieciocho días logró la rendición belga, y aprovechando los intrincados bosques y las montañas fronterizas rompió las escasas defensas francesas, ya que la Maginot no cubría la zona de las Ardenas: error gravísimo…”

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Una vez penetrada la primera línea de defensa, Maginot dejó de ser un factor en el desarrollo de la lucha. Peor aún, la eliminación de las tropas apostadas ahí, abandonadas a su suerte y sin ninguna posibilidad de recibir apoyo, fueron arrasadas de un modo por demás cruel y sencillo: fueron asfixiados dentro de la propia fortificación, arrojando explosivos a través de las respiraderas. Todo en menos de 30 días y a total disposición de Hitler y su Tercer Reich. La aparentemente inexpugnable fortaleza, cayó desde Suiza hasta el Atlántico. Y lo peor, sin haber disparado un solo tiro.

Hoy Maginot es un duro recordatorio de una mala planeación, basada en la fe y no en el conocimiento de causa, transformada en un museo que luce sus nítidas paredes, pletóricas de objetos y armamento nuevo, jamás utilizado.

Coca Cola y su campaña de cambio de fórmula de 1985

En la década de los 80’s, en plena madurez de la llamada Generación X, con una visión consumista al extremo, donde la apariencia y el dispendio eran los factores que establecían los rasgos y directrices de éxito y prosperidad, Coca Cola ya era el gigante trasnacional que hoy rige el mundo mercadológico y publicitario; una empresa que desde entonces, ya manejaba capitales incluso mayores a los presupuestos de algunos países. El poder total. El éxito en persona. Por aquellos entonces Pepsi, el eterno contrincante del gigante, intentaba sin lograr, equiparar el éxito de Coca, en base a ambiciosas campañas que incluían a los ídolos globales del momento. Se acerco mucho, pero nunca habría de lograrlo. Sin embargo, un tanto embriagada de éxito, Coca Cola “pensó” que era el momento perfecto para rematar la supuesta rivalidad, un tanto inquietos por un experimento que en su desesperación por vencerla, Pepsi había implementado diez años antes..

En 1974, el departamento de marketing de Pepsi instaló una serie de stands, en centros comerciales repartidos por los Estados Unidos y bajo el nombre: Pepsi Challenge . Ahí el público recibía dos latas de refresco idénticas. Cada participante estaba invitado a probar ambos y marcar e indicar su preferencia.

Aunque las estadísticas variaron según la región, los “catadores” en general señalaron a Pepsi, aproximadamente un 13% más a menudo. Coca Cola desestimó estas pruebas alegando su visión poco científica, pero cuando reprodujeron el experimento de forma interna obtuvieron los mismos resultados. Entonces sí, comenzó a sentir cierta angustia.

Así que todo estaba puesto. Echando la maquinaria a andar, anunciaba una próxima noticia bomba. Este proceso incluiría a todas las plataformas hasta entonces conocidas de los medios de comunicación tradicionales: impresos y televisión. Y llegó el momento. Convocó a la prensa a un evento de dimensiones casi de campaña presidencial norteamericana. Y por fin se develó el secreto. Lanzaban con bombo y platillo la “nueva” Coca Cola de la próxima generación: con un sabor aún más dulce, (¡más parecido al de Pepsi!) y basados en una supuesta mejora del producto perfecto (sic), la noticia no fue recibida con la emoción esperada. De hecho en la conferencia de prensa, los mismos reporteros no daban crédito del anuncio. No se entendía para que cambiar lo que era un icono del American way of life. Ante la reacción la dirigencia todavía osó considerar que todos olvidarían pronto el sabor anterior. De forma que el producto nuevo, llego 12 horas más tarde, a todos los puntos de venta de la Unión Americana… y la reacción del público de la refresquera, no fue distinta a la que tuvo la prensa que cubrió el evento. De hecho hubo un rechazo total al nuevo refresco. La pregunta más frecuente fue: “¿qué demonios hicieron?”. Nadie estaba contento. Se argumentó la enorme expectación como la prueba de que lejos de ser un error, habían sorprendido al mercado y al fiel público… pero nada más alejado de la realidad.

A fin de cuentas, el nuevo producto fue anunciado en otro evento, con mucha menos parafernalia por parte del CEO Don Keough, donde lejos de aceptar el error, argumentó haber recibido magníficos comentarios para la nueva propuesta pero que sin embargo también habían recibido un número significativo de peticiones de volver a la fórmula original, y entonces salomónicamente habían decidido dejar ambas opciones: New Coke y Coca Cola Classic. Linda manera de echar tierra sobre el error y salir del atolladero que si costó una buena cantidad de millones en mercadotecnia, bien podía haber hundido para siempre a un gigante. Pese a este último evento, todavía se mantuvo al error por 10 años más en el mercado y ¿saben qué? ¡Se vendió! La suerte siempre esta del lado del más pensante, no importa que se cometa un error, siempre y cuando se siga pensando en como solucionarlo.

CEO Coca-Cola Donald Keough justificación de lanzamiento del nuevo sabor de coca

EL QUE TUVO, RETUVO… y guardó para la posteridad

Estas dos historias, apasionantes ambas, nos hablan no solo de las calamidades y fallas, sino de la manera de aceptar una derrota y sin embargo, mantener la mira principal puesta en la trascendencia y el triunfo.

De hecho tienen puntos de inflexión diametralmente opuestos, precisamente en la misma época: mientas la decisión del buró francés se hundía en la falta de criterio y estudio de una decisión trascendente, Coca Cola se establecía como la bebida reconfortante de las tropas americanas que acudieron como aliados precisamente a la Segunda Guerra Mundial, y a la postre esta situación la llevó a posicionarse a nivel global como un producto aspiracional para una público meta ilimitado. Un momento, dos historias convergentes, dos destinos opuestos.

Hoy Francia se ha recuperado por completo, al grado de ser una de las 7 potencias del mundo industrializado; la ruta no ha sido fácil, de hecho ha sido dolorosa y en algunos casos, como Maginot, infamante. Y sin embargo, hay que levantar la cara, sacudirse la vergüenza y mantener el paso. De hecho el impulso que nos derrumba en la ignominia, debe ser de la misma magnitud para levantarnos en forma de un renacimiento y capacitarnos para volver a creer y recuperar la confianza, la fortaleza, el orgullo. No debemos esconder la cara, entender que sucedió, en que se falló, nos puede capacitar de un modo menos cruento para reinventarnos y más aún, crecer.

Por el lado de Coca Cola, podemos y debemos aprender de nuestros errores, en lugar de quedarnos en la conmiseración. Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada. Los cinco sentidos nos fueron otorgados como herramientas de uso cotidiano, y después de la vista, el sentido más importante es el oído. Escuchar una advertencia, un consejo, una opinión en ocasiones nos abre el panorama y nos deja ver algo que esta escondido justo detrás de un mal criterio o una decisión tomada al azar.

Básicamente, todos nosotros somos seres comerciales, todos estamos vendiendo siempre algo: una idea, un concepto, una creencia, una filosofía, una presencia y por tanto estamos expuestos a la aceptación o al rechazo por parte de quienes nos escuchan y observan mientras ofertamos nuestro paquete de productos.

Aprendamos de nuestros éxitos, pero más de nuestros errores, no cerremos nunca la mente al cambio o al retorno, según sea el caso.

Un elefante blanco puede ser un recuerdo de lo que hemos hecho mal, pero si se quiere tener un nuevo enfoque, también puede servirnos para saber lo que NO DEBEMOS hacer, y eso en muchas ocasiones, es mucho mas valioso que la vana gloria de creernos infalibles.

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